viernes, 31 de diciembre de 2010

sábado, 25 de diciembre de 2010

Capítulo 2, parte 1

Kati jadeaba por el esfuerzo de la escalada mientras se esforzaba por seguir el ritmo del semielfo, que subía con facilidad por los sucios y estrechos tubos, parándose a ayudarla en los tramos más complicados. Ares se las había arreglado para abrir un hueco por el que entrara una persona en una rejilla de los conductos de ventilación, que se encargaban de mantener todos los rincones del complejo a rebosar de oxígeno, por los que habían empezado a avanzar nada más borrar todo rastro de su ruta de escape. Contrariamente a lo que Kati había esperado, no se habían dirigido hacia abajo, a los niveles inferiores y a la salida, sino que no habían parado de ascender desde entonces. Los músculos de Kati no estaban acostumbrados a realizar grandes esfuerzos, a pesar de las sesiones de entrenamiento que la empresa religiosa obligaba a realizar a sus empleados para mantenerlos sanos y en forma. No obstante, esas sesiones no podían compararse a subir por un estrecho conducto casi vertical sólo con ayuda de unas ventosas, cargando con un fardo que contenía algunas de sus pertenencias. Por suerte para ella, que se había negado a dejar sus libros y el bonsai en el apartamento y que además había preparado un ligero equipaje con los objetos y prendas que creía que más falta le harían en el exterior del complejo, Ares había decidido llevar gran parte del peso de sus pertenencias y su carga era bastante ligera. Aun así, esa carga comenzaba a pesarle tanto que se veía tentada a soltarla, y sus extremidades comenzaban a amenazar con fallarle.
Finalmente, cuando creía que no podría aguantarlo más, el semielfo desapareció en un hueco de la pared y volvió a aparecer tendiéndole la mano para ayudarla a subir. Tras dejar un momento a Kati para que recobrara el aliento mientras él la miraba con la diversión claramente reflejada en los ojos, la instó a moverse nuevamente, esta vez en línea recta, hasta que llegaron a una rejilla. Haciéndole un gesto para que guardara silencio, manipuló con habilidad la rejilla para que les permitiera salir y tomó su mano para ayudarla a salir. Kati no pudo evitar dejar escapar una exclamación de sorpresa al ver lo que había en el exterior. Se encontraban nada menos que en el último piso del nivel 1, una enorme azotea que daba al exterior del complejo, completamente cubierta por vegetación ya que era el parque exterior de la empresa religiosa, su aporte de oxígeno a la ciudad. Estas plantas, que recibían directamente la luz del sol a través de la cúpula de cristal que cubría la ciudad, no eran artificiales ni necesitaban la ayuda de máquinas para existir.
Kati salió finalmente del conducto y, mientras Ares manipulaba la rejilla para que no se percibiera que había sido abierta, pudo admirar por primera vez las estrellas y la luna directamente, y no a través de un simulador. Las contempló extasiada mientras aspiraba las fragancias de las plantas naturales hasta que notó la mano del semielfo en su hombro y supo que tenían que moverse. Ares la condujo a través de la maraña de plantas durante varios minutos, hasta que llegaron al límite de la azotea. Desde allí, pudo ver toda la extensión de la ciudad. No era una ciudad al uso, como se veía en las proyecciones de ciudades antiguas, sino que más bien se trataba de un conjunto de grandes complejos como en el que se encontraban, rodeados de fábricas y cultivos, con grandes alambradas como separación. Se veía una gran cantidad de transportes de carga aéreos con los logotipos de empresas religiosas en sus laterales, así como otros transportes más pequeños sin distintivos. Ares acercó su boca al oído de Kati y le susurró:
- Los edificios que ves son los complejos de empresas religiosas, y todo lo que les rodea hasta las alambradas son sus niveles inferiores, donde se producen casi todos los bienes que se consumen en el interior. Los bienes que no tiene la posibilidad de producir una empresa religiosa los producen, por lo general, empresas religiosas afines con las que intercambian excedentes. Los grandes transportes que ves sirven para eso, los pequeños son para los mandamases y sus negocios. Aunque desde aquí no puedes verlo, la ciudad está rodeada por un anillo de vegetación, y finalmente están los arrabales, donde viven las personas que no son aceptados en ninguna empresa, la mayoría de ellos no humanos, y las puertas de la cúpula. Allí es donde nos dirigimos.
Antes de que Kati pudiera asimilar esa información, el semielfo la condujo a lo largo del borde de la azotea, escondiéndose cuando oían voces en los alrededores, hasta un aerodeslizador similar a los de los mandamases escondido entre varias plantas.
Ares abrió sus puertas y, con un gesto teatral, la invitó a entrar. Kati respiró hondo, armándose de valor para entrar por primera vez en uno de esos vehículos, y una vez dentro Ares encendió el motor y puso rumbo a los arrabales de la ciudad.

sábado, 27 de noviembre de 2010

pequeña pausa

lo siento de verdad, pero tengo mucho trabajo pendiente. La semana que viene tengo dos examenes y me temo que mis profesores han esperado hasta el último momento para darnos los apuntes. De hecho, ni siquiera han acabado de dárnoslos... lo cual significa que no tengo tiempo ni de respirar. Volveré pronto, con el capítulo dos acabado.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Capítulo 1, parte 6

Kati se volvió lentamente, aterrorizada, y cuando la sombra del intruso comenzó a acercarse, reaccionó tirándole todo lo que encontró a su alcance antes de salir corriendo. La risa continuaba incesante, y casi parecía aumentar con cada objeto que la sombra esquivaba. Kati siguió alejándose del intruso hasta que éste llegó a una zona iluminada… y se encontró cara a cara con el mercenario semielfo al que había salvado la vida. La sorpresa la dejó paralizada un instante, que fue suficiente para que el mercenario se acercara, le quitara el pisapapeles que aferraba con la intención de tirarle y la rodeara la cintura bruscamente.

-Realmente interesante – dijo de nuevo con una media sonrisa en su bello rostro.

-¿Quién eres?¿Qué quieres?- logró balbucir, intentando soltarse de sus brazos de hierro.

-Bueno, evidentemente quería agradecerte que me salvaras la vida, y ha sido una suerte que decidiera hacerlo y que lograra encontrarte a tiempo, yo que te buscaba en el nivel dos, ¿cómo diablos es que estabas dos niveles por encima del tuyo? En cualquier caso, te he encontrado y ahora voy a evitar que cometas una estupidez - Kati le miró nerviosa y comenzó una negativa – No intentes negarlo, princesa, ¿o acaso vas a decir que no intentabas marcharte del recinto?

-Eso no es asunto suyo –reunió el valor para responderle.

-Oh, claro, por supuesto que lo es. No podría soportar el peso de la conciencia si a mi preciosa salvadora la mataran o encarcelaran por intentar salir del lugar con un pase falso. Siento decírtelo, princesa, pero con eso, aunque ingenioso, no pasarás por los controles de seguridad. Y aunque pasaras, ¿no crees que llamarías la atención de los guardias con esas maletas? Y aunque lograras salir ¿acaso sabes lo que te espera en el exterior?

- Tengo que intentarlo –respondió Kati, desasiéndose al fin de su abrazo aunque sabiendo que el semielfo tenía razón, pero sin encontrar otra solución. Pasara lo que pasase, quedarse y casarse con Daniel no era una opción. La resolución estaba pintada en su rostro y el mercenario amplió su sonrisa.

-Bien, entonces has tenido suerte. Mi señora, te ofrezco humildemente mis servicios para sacarte de aquí y protegerte del mundo exterior. Desde luego, tendrás más posibilidades conmigo que sola –dijo el mercenario haciéndole una reverencia y tendiéndole la mano. Kati vaciló, y dijo sin moverse.

-Aun no me has dicho quien eres.

-Bueno, creo que está claro. Soy el hombre de tu vida –respondió el semielfo seriamente, desaparecido todo tono burlón de su voz. Kati se quedó de pie, mirándole estupefacta, hasta que su carácter afloró y replicó:

-Eso lo tendré que decidir yo, ¿no crees?

La risa del semielfo volvió a inundar su pequeño apartamento, hasta que dijo con regocijo:

-Acabas de convencerme del todo. En cualquier caso, tienes razón. Mientras te das cuenta de lo inevitable, puedes llamarme Ares. Y ahora, mi querida princesa, voy a rescatarte de tu prisión corporativa.

Ares volvió a tenderle la mano a Kati que, tras un segundo más de vacilación, la cogió con firmeza, confiándole al misterioso semielfo su vida y su libertad.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Capítulo 1, parte 5

Habían pasado dos días desde su falta y aun no había recibido noticias del Consejo. El estado de Kati comenzaba a ser cada vez más paranoico y, por ello, cuando Daniel la citó en su despacho necesitó una bolsa de papel para serenarse. Era por ello, se decía más tarde, por lo que no había encontrado las palabras para decirle a su jefe que no deseaba en lo más mínimo casarse con él, como tenía pensado hacer. O puede que fuera porque no le había dado opción para decir ni una sola palabra desde que entró al despacho. O quizás simplemente no había tenido el valor de hacerlo después de que, tan caballerosamente, éste la dijera que no permitiría que el Consejo tomara una decisión negativa sobre el futuro de su prometida.

Fuera por lo que fuera, lo cierto es que Kati no pudo evitar sentirse culpable durante toda la jornada laboral, diciéndose que tal vez su jefe no era tan malo después de todo y que, desde luego, no se merecía seguir pensando que ella sería su esposa cuando no era así. Así pues, Kati esperó a acabar su trabajo y, cuando no quedaba casi nadie en la oficina, se encaminó hasta el despacho de Daniel para decirle la verdad. Estaba a punto de llamar a la puerta cuando oyó voces en el interior que decían su nombre y no pudo evitar escuchar a escondidas.

-Entonces, todo arreglado, ¿no es cierto? El Consejo sólo aceptará su permanencia en el sistema si se casa conmigo –escuchó decir la voz de Daniel. Una voz desconocida lo confirmó –Casi agradezco que todo esto haya ocurrido. No he podido evitar observar que ella es reacia a la unión, y ahora no tendrá más remedio que aceptarla. No creo que tenga muchas oportunidades de rebelarse una vez que yo tenga todos los derechos legales y morales sobre ella, pero la amenaza del Consejo me permitirá tener un mayor control sobre ella.

-No debes olvidar para qué se realiza esta unión, ni quién la ha hecho posible –dijo la otra voz, amenazadora.

-No, no lo olvidaré –respondió la de Daniel –El poder de Kati servirá a vuestros fines tanto como a los míos.

-Bien. Porque si te atreves a traicionarnos, tu poderosa esposa se quedará viuda… y se le encontrará otro marido apropiado.

Kati se quedó paralizada por la impresión, pero luego tuvo la suficiente rapidez de reacción para alejarse de la puerta antes de que Daniel o el propietario de la misteriosa voz salieran. Se volvió a sentar en su escritorio durante un buen rato, y finalmente se encaminó a su apartamento, dispuesta a coger sus cosas y marcharse. Impaciente por llegar pero temerosa de que se notara algo extraño en su comportamiento, se obligó a ir despacio hasta que llegó a su portal, donde comenzó a subir las escaleras lo más rápido posible.

Un nudo de terror se instaló en ella cuando vio la puerta de su apartamento abierta. Entró apresuradamente para encontrarse con todas sus posesiones desperdigadas por el apartamento, incluidos los libros, el bonsai y su documentación falsa.

-Muy interesante –dijo una voz profunda a sus espaldas, echándose a reír.

boosterblog

No me lo tengáis en cuenta, es una entrada necesaria para registrar el blog en boosterblog, en 5 minutos cuelgo la entrada buena.


http://www.boosterblog.es

sábado, 6 de noviembre de 2010

Capítulo 1, parte 4

Kati esperaba sentada en su apartamento mientras el Consejo deliberaba sobre su situación, esperando ser llamada en cualquier momento. Después de que los incursores saltaran por la ventana, Daniel la había agarrado bruscamente y la había arrastrado hasta allí, debido a su comportamiento. Ayudar al mercenario (aunque sin su ayuda hubiera muerto) se consideraba una ruptura del juramento de lealtad a la empresa religiosa. A lo único a lo que podía aferrarse para explicar su comportamiento y eludir el castigo era a la propia religión, que obligaba a ayudar al prójimo (y los no del todo humanos podían considerarse prójimos) y al juramento hipocrático que la habían obligado a hacer cuando la dieron su puesto de enfermera, en el que se comprometía a intentar ayudar a cuantos necesitaran su atención médica. No obstante, eso no explicaba, para el Consejo, por qué había ayudado al mercenario en vez de a la mujer que había sido abatida antes, que había muerto. Sus excusas de que para llegar a esa mujer tendría que haber atravesado el fuego cruzado mientras que el mercenario estaba al lado no parecían hacer mella en el Consejo.

En su estado de nervios, tardó en darse cuenta de que había recibido un correo institucional en el que se la informaba de que su caso iba a llevar más tiempo del previsto y que siguiera con su vida normal hasta que se tomara una decisión. Sabía que cuando el Consejo tardaba demasiado en decidir algo sólo podía significar que las cosas pintaban mal. En cierto modo no se sorprendía, ya que había recibido numerosas amonestaciones a lo largo de su vida, era poco religiosa y no ayudaba en nada su incapacidad para mantener su trabajo y amigos asignados, su falta de entusiasmo por las actividades de la empresa y su mala relación con todos los sacerdotes.

Temiendo que el Consejo decidiera eliminarla del sistema como hacía con criminales e inadaptados, desconectó su ordenador de la red de internet y puso en marcha su plan b. En previsión de que ocurriera una catástrofe como la actual, había conseguido mediante una pequeña artimaña la tarjeta de un soldado de la empresa durante una de sus visitas como vendedora de drogas legales. Cuando era pequeña, su madre la había inculcado ciertos conocimientos de informática que, esperaba, la ayudarían a modificar el chip de esa tarjeta identificativa para que la permitieran salir del complejo. Finalmente logró hacerlo, después de varias horas, y dedicó el resto de su tiempo libre a preparar las maletas discretamente, de forma que si se decidía hacer una inspección sorpresa en el apartamento nadie se diera cuenta de que estaba preparada para marcharse en cualquier momento. Nada más acabar, borró todos los rastros que pudiera haber en su ordenador y lo volvió a conectar a la red, suspirando de alivio al ver que nadie se había percatado de su larga desconexión.

Luego, comenzó a actuar normalmente, e incluso tuvo la iniciativa a la hora de quedar con sus amigas asignadas para ir a una proyección de películas analógicas de Antes de la Invasión Mágica, especialmente seleccionadas para gente de su franja de edad. Ahora, sólo le quedaba actuar como una persona normal mientras esperaba la decisión del Consejo.

sábado, 30 de octubre de 2010

Capítulo 1, parte 3

Todos los comensales se lanzaron bajo sus mesas y la sala se llenó de gritos de miedo en cuanto empezó el tiroteo en la habitación privada. Kati fue arrastrada por Daniel tras una mesa volcada, mientras que el shock inicial daba paso a la estupefacción, no sólo porque hubiera mercenarios en uno de los niveles superiores, sino también porque se organizara semejante altercado en un nivel tan alto. Desde detrás de la mesa, pudo observar cómo la puerta de la habitación privada, agujereada por las balas, reventaba hacia fuera debido a la patada de uno de los mercenarios, mientras el resto le cubría las espaldas. Éstos utilizaron mesas, sillas y todo tipo de objetos grandes como trincheras sin dejar de disparar sus pistolas láser, mientras una decena de soldados de la empresa religiosa salían de la habitación privada y comenzaban a dispararles a su vez. Una mujer fue alcanzada al otro lado de la habitación, Kati no sabía si por los soldados o los mercenarios, que comenzaron a retroceder por la habitación hacia la ventana.

A su lado, Daniel comenzaba a respirar rápidamente, seguramente debido a una crisis de ansiedad, mientras tiraba de ella para que escondiera su cabeza completamente tras la mesa. Como si los láser no fueran a traspasar estas mesas tan finas, pensó, sin hacerle caso a su acompañante y asomando nuevamente la cabeza, para ver cómo el semielfo era lanzado por una descarga eléctrica a varios metros de distancia, cerca de donde estaba. Se percibía desde allí cómo los implantes electrónicos que el mercenario llevaba insertados en los músculos para aumentar su velocidad y fuerza comenzaban a reaccionar a la descarga y ella se estremeció. En su corta carrera como enfermera había visto lo que le podía pasar a un hombre que llevara esos implantes y se expusiera a la corriente eléctrica, pero también sabía qué hacer para evitarlo. Sin pensarlo, salió de la poca protección que le brindaba la mesa con la intención de evitar que el hombre acabara siendo un vegetal. Utilizó como instrumentos los cubiertos y todo lo que tuvo a mano y finalmente logró parar el cortocircuito, aunque temía no haber llegado a tiempo, porque el semielfo estaba inconsciente en el suelo. Tras unos segundos que se le hicieron interminables, abrió los ojos levemente y supo que se recuperaría. Intentó evitar que se incorporara, pero inmediatamente apareció el enano y la apartó de él con brusquedad, apuntándola con la pistola láser. Kati se quedó paralizada en el sitio, incapaz de escapar. El semielfo, haciendo un esfuerzo, puso la mano sobre el enano y dijo con voz entrecortada:

-No me atacaba. Me ha salvado la vida.

El enano dejó de apuntarla con el arma y siguió disparando a los soldados. Tras una última mirada, el semielfo cogió la pistola láser que se le había caído y siguió a sus compañeros en su retirada hacia la ventana. De repente, se oyó un ruido estrepitoso y una aeronave de asalto con la puerta abierta apareció cerca de la ventana. Los mercenarios destrozaron ésta y, ayudando al semielfo, saltaron al interior de la aeronave, que rápidamente se perdió en la distancia.

Los soldados corrieron hacia la ventana, pero ya era demasiado tarde y un tenso silencio se impuso en el restaurante. Kati suspiró de alivio, pero, cuando la tensión empezaba a desaparecer, notó una mano de acero rodeando su brazo que la hizo volverse bruscamente.

sábado, 23 de octubre de 2010

Capítulo 1, parte 2

Según ascendían, Kati se dio cuenta de que no iban al nivel tres, sino al nivel dos. Esto era realmente inusual y Kati no pudo evitar pensar que Daniel se había equivocado de plantas. Cuando se lo dijo, su jefe le lanzó una mirada que le dejó bien claro que no había equivocación alguna, y que más le valía mantener la boca cerrada. Forzada a mantenerse callada, cosa que no la costaba mucho, se tragó su curiosidad y se limitó a mirar en todas direcciones asombrada. Lo primero que la sorprendió del nivel dos fue que las fragancias artificiales no tenían que saturar el ambiente para enmascarar nada ya que los árboles no desprendían ese olor tan desagradable. De hecho, parecían casi tan naturales como el bonsai que se había empeñado en conservar a pesar de la prohibición. Además, pudo ver que el parque tenía jardineros, nada menos que elfos, y que la tierra era tierra de verdad y no la mezcla artificial que había en los parques de su nivel.

Las formas estaban más cuidadas y había una cierta belleza en el lugar de la que carecían los parques a los que estaba acostumbrada. Fascinada con los elfos, a los que no podía quitar el ojo de encima, casi tropezó con Daniel, que se había vuelto enfuruñado al ver que ella no seguía su ritmo. Agarró su muñeca y la llevó casi al rastro por las calles, que eran muy anchas y no tenían edificios de apartamentos diminutos, sino pequeñas casas individuales adosadas. Además, no se veía ni rastro de transportes públicos, sino que la gente andaba plácidamente o se dejaba llevar por las aceras mecánicas.

Daniel la condujo a un restaurante que parecía sacado de los cuentos de su infancia, donde las mesas eran para dos o tres personas en vez de para catorce y no había autoservicio, sino que debían elegir el menú en una carta y un camarero les llevaba la comida a la mesa. No tuvo oportunidad de elegir qué comer, ya que Daniel pidió por ella, pero, aunque la ensalada no la gustaba en absoluto, cuando probó ésta se dio cuenta de que no sabía a plástico, sino que tenía una infinidad de sabores que nunca había probado antes.

Daniel dejó que disfrutara de los entrantes y finalmente explicó el motivo de su sorprendente velada. Por alguna extraña razón, había decidido que ella sería su próxima esposa. Kati casi se atragantó al escuchar semejante cosa, habiendo esperado una proposición para ser amantes o algo similar, cosa que hubiera podido rechazar con mucho más tacto teniendo en cuenta la empresa religiosa en que se encontraban. Finalmente, consiguió decir:

-¿Y por qué habría de querer alguien de nivel 2 casarse con alguien de nivel 4?- preguntó estupefacta, pero antes de que Daniel dijera nada añadió –O mejor dicho, ¿por qué habría de aceptar el gobierno de esta empresa semejante cosa?

Era la pregunta correcta, teniendo en cuenta los problemas que había simplemente para casarse dentro del mismo nivel con alguien que no había sido asignado por la propia empresa y aprobado por los sacerdotes. No quería ni imaginar los problemas que debía haber para casarse con alguien de un nivel inferior.

Daniel no sólo no respondió más que con un simple “no hay que preocuparse por eso” que le dio a entender que la cosa estaba arreglada y había poca escapatoria, sino que además empezó a explicarle todas las ventajas de las que iba a disfrutar y cuales serían sus obligaciones como esposa. Un murmullo de alarma interrumpió su disertación, y Kati se giró para ver qué pasaba. Rápidamente se le aceleró el corazón al ver a un semielfo vestido completamente de cuero negro, con una enorme pistola láser y varios cuchillos en el cinturón y el pelo negro largo y suelto. Iba acompañado de una humana, un elfo y un enano que vestían también de forma extraña y se movían con el mismo aire de seguridad. El semielfo miró en su dirección y ella sintió una especie de corriente eléctrica entre los dos, que fue cortada de pleno por Daniel, que agarró su mano y la dijo que no mirara hacia el grupo.

-¿Quiénes son? –preguntó ella.

-Deben ser incursores, mercenarios.

-¿Aquí en el complejo?

-Si están aquí es que tienen un permiso especial para estar, así que ignórales y no te metas en sus asuntos –dijo enfadado, tras lo cual siguió con su discurso mientras el grupo se metía en una sala privada. Poco después, su discurso volvió a ser interrumpido, esta vez por el sonido de disparos.

sábado, 16 de octubre de 2010

Capítulo 1, parte 1

Kati miraba por la ventana del pequeño apartamento que tenía asignado desde que empezó su último trabajo como secretaria en la sección de prensa de la compañía religiosa en la que había vivido toda su vida. En el último año, desde que la compañía había decidido que estaba en edad de trabajar, había cambiado de apartamento nada menos que seis veces, tantas como trabajos le habían asignado (primero de enfermera, luego de auxiliar sanitario, de encargada, de transcriptora, de vendedora de drogas legales y finalmente de secretaria). En ningún momento había salido del nivel cuatro, el antepenúltimo de ellos, y no esperaba llegar a salir nunca, ya que la gente solía nacer, crecer y morir siempre en el mismo nivel. No obstante, el trabajo como secretaria le gustaba más y pretendía no echar a perder su puesto, más que nada por no volver a mudarse y arriesgarse a que se descubrieran en la mudanza sus escasos libros y su bonsai natural, objetos que ya nadie tenía y que debería haber mandado al museo de antigüedades en cuanto recibió la circular.

Una llamada a la puerta la sacó de sus ensoñaciones. Nada más abrirla, sus amigas irrumpieron en la habitación. Kati frunció el ceño. No eran realmente sus amigas, sino que se las habían asignado también, como todo en su vida, después de realizar una infinidad de test de personalidad. En teoría, aunque no lo decían con esas palabras, las habían juntado porque todas ellas tenían alguna tara psicológica que las impedía moverse perfectamente por la sociedad, aunque Kati se sentía tan incómoda con ellas como con cualquier otra persona de su círculo.

No se llamaba a engaños sobre el motivo de su visita. Esa mañana, su jefe, que era del nivel dos, la había invitado a cenar. A ella no le gustaba ese hombre, que le doblaba la edad y se creía superior a todo el mundo, pero una invitación de una persona que está dos niveles por encima de ti bien podía ser tomada como una orden y se había visto obligada a aceptar y a fingir que la idea la entusiasmaba.

-Pero bueno, ¿todavía estás así?

No tuvo más remedio que dejarse hacer mientras sus amigas asignadas elegían su ropa y complementos, la peinaban y la maquillaban. No obstante, declinó la oferta de ingerir drogas para eliminar los nervios. No estaba nerviosa y detestaba tomar todo tipo de drogas, lo que la ponía en situaciones difíciles cuando era protocolo social tomarlas. Al final, había aprendido a fingir que las tragaba y mantenerlas en la boca hasta que encontraba el modo de escupirlas sin que nadie se diera cuenta. Por suerte, no era muy habladora y nadie se daba cuenta de que no había llegado a tragar las pastillas.

Una vez arreglada, la sacaron de su apartamento y la metieron en el primer transporte que encontraron para llegar al parque central del nivel, en cuyo centro, al lado de los ascensores principales, la esperaría su jefe, Daniel. Kati siempre evitaba los parques, que no tenían nada de naturales. Se habían creado para mantener la esfera gigante que cubría la ciudad y los complejos de las empresas limpios y a rebosar de oxígeno, que tanta falta hacía en el exterior de las esferas. Estas plantas, modificadas genéticamente para ser hipoalérgicas y limpiar el aire tres veces más rápido que las plantas naturales, sobrevivían gracias a las máquinas que tenían conectadas a sus raíces y desprendían un olor bastante desagradable, torpemente enmascarado por las fragancias artificiales que inundaban el ambiente.

Ahondando la mueca de disgusto que había crecido en su cara desde que sus amigas habían irrumpido en la tranquilidad de su apartamento, Kati se internó en el parque en dirección a los ascensores, en cuyo acceso exterior una orca vestida con traje de chaqueta la detuvo. Los no humanos habían sido difíciles de ver hasta hacía bien poco en los complejos de las empresas religiosas, que habían sido creadas precisamente para mantener a los humanos lejos de las criaturas que habían invadido su mundo. No obstante, últimamente muchos de los no humanos eran incorporados a la vida de las organizaciones, a instancias de los gobiernos y debido a los deseos de evitar una nueva guerra con las poderosas criaturas. Kati iba a enseñarle su acreditación cuando Daniel, que ya estaba dentro, apartó a un lado con rudeza a la orca y la condujo hasta los ascensores de subida. Kati le miró extrañada, ya que, si bien las personas de un nivel podían moverse por su nivel y por otros más bajos, nunca podían acceder a los niveles superiores. Su jefe se limitó a pasarle una acreditación temporal y prácticamente la empujó al ascensor, donde entró algo aturdida, preguntándose por qué iba a ser ella una de las pocas favorecidas para ascender al nivel tres.

sábado, 24 de julio de 2010

Proximamente...

Incursores de la noche, una novela de ciberpunk fantástico de la autora de viajerainterdimensional.

Kati ha vivido siempre a la sombra de la empresa religiosa en la que nació, hasta que una conspiración para hacerse con un poder que desconocía y un encuentro con un mercenario semielfo la obligan a escapar del complejo y descubrir que todo lo que creía saber hasta entonces no eran más que mentiras.

Estreno el 16 de octubre